top of page

La muerte de Venustiano Carranza. (Primera Parte)

  • Foto del escritor: Quinto Poder Noticias
    Quinto Poder Noticias
  • 21 may 2020
  • 2 Min. de lectura

21 de mayo de 1920.- La salida sorpresiva del general Rodolfo Herrero de Tlaxcalantongo, con el pretexto de auxiliar a un hermano suyo, herido en una reyerta, levantó sospechas entre la comitiva que acompañaba a Carranza en su última jornada. El general Francisco L. Urquizo le pidió que continuaran su marcha, a lo que Carranza se opuso: Lo que ha de suceder que suceda. O nos va muy bien o nos va muy mal en esta campaña. Digamos como Miramón en Querétaro: “Dios esté con nosotros en estas veinticuatro horas.” Tras recibir noticias del general Francisco P. Mariel que había vía libre hasta Villa Juárez, Carranza ordenó a su comitiva dormir unas horas para continuar su marcha con las primeras luces del día. En el jacal del presidente lo acompañaron su secretario Pedro Gil Farías, Mario Méndez, los capitanes Octavio Amador e Ignacio Suárez y el secretario de Gobernación, Manuel Aguirre Berlanga. Antes de las cuatro de la madrugada sonaron descargas de armas largas y estentóreos gritos de: “¡Viva Obregón! ¡Viva Peláez! ¡Muera Carranza!” De acuerdo al testimonio de Francisco L. Urquizo: Afuera, los asaltantes gritaban “mueras” a Carranza, insultos y “vivas”. Adentro, en medio de la obscuridad absoluta, don Venustiano, herido, se quejaba. El licenciado Aguirre Berlanga, que estaba cerca de él, al oírlo, le preguntó solícito: “- ¿Qué le pasa, señor? “- Tengo rota una pierna, no puedo levantarme- le contestó.” Una segunda carga de fusilería repercutió imponente, perforando la endeble pared del jacal. Se hallaba don Venustiano casi sentado en su improvisada cama. Suárez lo rodeó por la espalda con su brazo derecho, diciéndole con respetuoso cariño: “—¡Señor...! ¡Señor...! De la garganta del Presidente Carranza se escapaba una fatigosa respiración; horriblemente fatigosa. “—El Jefe está muriendo; ¡oigan ustedes el estertor de su agonía!” Ya no había tiros sobre el jacal. Las descargas de las armas de fuego atronaban ahora sobre las demás casas de la ranchería. Cuando Suárez observó que se había consumido la vida de su Jefe, vio la esfera del reloj luminoso que llevaba en la muñeca. “—El Presidente acaba de morir; tomen en cuenta la hora que es: son exactamente la cuatro y veinte minutos.”


Saco que llevó Venustiano Carranza el día de su asesinato, mayo de 1920. © (670163), México, Secretaría de Cultura – INAH – Sinafo – FN.

 
 
 

Comentarios


Únete a nuestra lista de correos

¡Gracias por tu mensaje!

  • Facebook Black Round
bottom of page